miércoles, 16 de mayo de 2007

El negritorio

Es un trabajo duro pero alguien tiene que hacerlo, y si es un meritorio pues con mayor razón. En la labor que realizan los juzgados debemos tomar en cuenta que de sus niveles jerárquicos, el meritorio no es el nivel más bajo, sino el subterráneo. Sin embargo, debemos decir también que la importancia de dichos elementos es esencial, pues establece, sin temor a equivocarme, el futuro mismo de la judicatura.

El meritorio, como lo sabemos, no es otro que el estudiante de derecho al que se le permite hacer prácticas profesionales de derecho en los tribunales de nuestra institución, pero esas prácticas van desde hacer un proyecto de resolución, hasta ir por los refrescos para la hora de la comida. No es que se desprecie la aportación que estas personas realizan en los recintos judiciales, sino que su condición de inexpertos los hace fáciles presas para apoyar, en todos los aspectos, a quienes tienen una función determinada dentro del centro de justicia.

A pesar de ello, debemos considerar que el ser meritorio o practicante (practichambre les dicen también) no es una suerte de castigo, sino por el contrario, es la oportunidad de conocer la función judicial desde el punto más elemental. Lo anterior se sostiene con el conocimiento de que un gran número de los funcionarios que ahora laboran en el Poder Judicial del Estado, dentro de los que se encuentran jueces y magistrados, iniciaron haciendo funciones tan honrosas como comprar los cigarros al juez, cambiar los cheques de nómina de los 20 empleados del juzgado, acompañar a los abogados a sacar copias de expedientes, etc.

¿Quién no ha visto a esta pléyade de valientes y valiosos colaboradores correr el riesgo de una hernia discal por acomodar expedientes de 5 tomos en la parte más alta de los estantes del archivo?, o cargarlos para sacarles copia, o bien, llorar en silencio cuando se les encarga foliar y sellar las 149475739375 copias de un expediente, a expensas de perder la razón al darse cuenta en la mitad del trabajo que se han saltado una página y deben comenzar de nuevo. ¿Quién no los ha visto al final del día tener las manos blancas por el corrector líquido?, o negras por el pasante mal acomodado, arrastrando por la vida el error de no saber usar los sellos, de tal manera que todo su guardarropa lleva un delicado color verde, azul o morado, según sea el color de la tinta.

Pero también, quienes hemos pasado por esos trances, tenemos muy dentro de nosotros la agradable sensación de haber sido útiles en todo momento, habiéndonos dado el fortalecimiento de la paciencia, la delicia de la tolerancia, la experiencia en la redacción, el perfeccionamiento de nuestro conocimiento jurídico, así como la siempre valiosa entrada en el ámbito profesional al conocer a los abogados más experimentados, de tanto lustre, convivir con nosotros haciéndonos recomendaciones de buena fe y dirigiéndonos valiosos consejos.

De igual manera, se nos ha permitido por tales trabajos, el formar parte de equipos especializados que nos apoyan en todo momento, además de titulares que nos brindan sus conocimientos adquiridos a través de tantos años. Si bien estos elementos no reciben remuneraciones económicas, la ganancia se traduce en otros beneficios que sirven tanto como el dinero mismo, ya que el tiempo y el esfuerzo recompensan esa labor al ser considerados para los puestos vacantes, iniciando así la carrera judicial, habiendo quien asegura que en realidad dicho trayecto profesional empieza con el meritorio y no con el escribiente, como lo indica la Ley Orgánica del Poder Judicial. Tal vez lo mejor de esto, es que cada uno de los meritorios reciben en carne propia el conocimiento del servicio público, su avatares e ideales, teniendo la oportunidad de aprender a amar la noble función de escuchar, servir y obedecer la ley, dando a cada quien lo que le corresponde.

Es importante destacar que una trascendental fuente de conocimientos para los meritorios, es apoyar en la realización de resoluciones judiciales, lo cual era muy factible cuando se usaban las máquinas “Rémington”, porque además de generar fractura de dedos permitía a estos jóvenes el raciocinio jurídico, que a la larga les permitía la mejor comprensión de los preceptos legales y su interpretación. Lo anterior se encuentra en peligro por el uso continuo de la tecnología, que ahora requiere del uso de computadoras para el trabajo judicial, así como el conocimiento de los sistemas que se utilizan para tal efecto, haciendo más difícil la participación de los estudiantes en estos aspectos. Si bien es difícil, no es imposible, por lo que la búsqueda de opciones para mantener esta ayuda que brindan los meritorios debe buscarse y aplicarse, puesto que, como se ha dicho, en los meritorios se encuentran en buena medida los próximos jueces y magistrados que tendremos en nuestro estado, o acaso, los litigantes que habrán de fijar los criterios jurídicos que se sostendrán el día de mañana.

Sirvan estas palabras para dar reconocimiento a estos colaboradores informales, a los negritorios que soportan nuestra forma de trabajar, nuestro estado de ánimo, así como también algunos de nuestros caprichos, en el entendido de que son una pieza fundamental para el propósito de nuestra institución, aunque claro, utilizando una frase muy conocida, hay trabajos que ni siquiera los meritorios quieren hacer.

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